Historias reales de ciberseguridad, directo en tu correo.
Llevo años entrando a empresas después del ataque.
Y la conversación siempre empieza igual: nadie entiende cómo pasó, porque tenían herramientas, tenían proveedor y tenían presupuesto.
El problema nunca fue lo que estaban viendo. Fue lo otro.
Si tres preguntas te dejaron pensando, ese es exactamente el material del que escribo.
Escribo un correo con el caso real de una empresa a la que se le metió alguien.
Por dónde entró, qué falló, cuánto costó y qué había que haber hecho antes.
Sin nombres, sin fabricantes y sin humo. Se lee en un minuto y se te queda.
Te apuntas aquí:
No lo escondo y no tiene caso que lo esconda.
Estoy al frente de una empresa que vende y opera seguridad, y una parte de la gente que lee estos correos termina trabajando conmigo.
Pero el correo no es un catálogo. Si alguna vez aparece el nombre de una tecnología es porque la historia no se entiende sin ella, no porque yo te la quiera vender esa semana.
Y si nunca me compras nada, vas a haber leído decenas de casos reales que no están publicados en ningún lado. Eso solo ya paga la suscripción, sobre todo porque es gratis.
Estos correos hablan de errores.
De empresas que hicieron las cosas mal, de directivos que firmaron sin leer y de proveedores que vieron algo y no avisaron. A veces el que queda mal es el cliente y a veces es alguien de mi propio gremio.
Si lo que buscas es que te confirmen que vas bien, no te apuntes.
Si lo que buscas es un comparativo de fabricantes o una hoja de producto, tampoco. Eso lo encuentras en cualquier lado y no lo escribo yo.
El resto, bienvenido.